Netflix entregó un 4T de 2025 sólido: creció con fuerza, ganó más y alcanzó un nuevo hito de suscriptores. Y aun así, el mercado la miró con cara de “vale, ¿y ahora qué?”. La caída en bolsa no fue por lo que hizo ayer, sino por lo que insinuó sobre mañana.
Un 4T 2025 que, objetivamente, fue fuerte
En el cuarto trimestre de 2025, Netflix registró ingresos de 12.051 millones de dólares, lo que supone un +17,6% interanual. En la parte operativa, la compañía reportó 2.957 millones de ingreso operativo (en la carta lo redondea como “3,0B”), con un margen operativo del 24,5% (también redondeado al 25% en el texto). Es decir, crecimiento y rentabilidad en la misma frase, que no siempre se puede decir sin toser.
El beneficio neto fue de 2.419 millones, y el BPA diluido quedó en 0,56 dólares. Además, el flujo de caja libre del trimestre fue de 1.872 millones, una cifra que refuerza la idea de que Netflix no solo vende historias: también imprime caja cuando el calendario de lanzamientos y cobros acompaña.
El detalle financiero que conviene no ignorar
Netflix informó de ~60 millones de dólares en costes (registrados como gasto por intereses) relacionados con un bridge loan asociado a la operación con Warner Bros. No es el fin del mundo, pero sí una pista: cuando hay financiación puente y movimientos de estructura de capital, el mercado se pone nervioso porque huele a “capex emocional” o a “apuesta grande”. Y una apuesta grande exige una explicación grande.
Más de 325 millones de suscriptores y una ambición de escala brutal
La compañía cerró el año con más de 325 millones de membresías de pago y afirma que ya sirve a una audiencia que se acerca a 1.000 millones de personas a nivel global. Esta frase no es solo marketing: es una forma elegante de decir “somos una autopista global de atención”. Y la atención, hoy, es la moneda más disputada del planeta.
La guía: el verdadero “plot twist” que explica la caída
Si el trimestre fue fuerte, ¿por qué el mercado la castigó? Porque Netflix puso sobre la mesa una guía que no encendió fuegos artificiales. Para el 1T de 2026, proyecta 12.157 millones de ingresos (+15,3% interanual) y un BPA de 0,76 dólares. No son números malos, pero sí lo bastante “prudentes” como para que muchos algoritmos y manos nerviosas traduzcan: “se viene desaceleración”.
2026: crecimiento más sobrio, pero con el margen como arma
Para todo 2026, Netflix prevé 50.700–51.700 millones de ingresos (+12% a +14%) y apunta a un margen operativo del 31,5%. También anticipa ~275 millones en gastos relacionados con adquisiciones y un crecimiento de amortización de contenido de ~10%, con más peso en el primer semestre por el calendario de lanzamientos. Traducción al castellano de calle: “vamos a gastar más donde toca para sostener el producto, pero queremos salir más rentables igualmente”.

Publicidad: el motor que está creciendo más rápido de lo que muchos asumen
Netflix ya no es “solo suscripciones”. En 2025, la compañía indicó que los ingresos por publicidad crecieron más de 2,5x frente a 2024, superando 1.500 millones de dólares, y espera aproximadamente duplicarlos en 2026. Esto es importante porque la publicidad no solo aporta ingresos: también cambia la elasticidad del negocio. Cuando tienes un segundo motor potente, el mercado debería ser más paciente con el ritmo de altas… pero todavía no lo es.
El elefante en la sala: Warner Bros. y el “precio” de la ambición
Netflix detalló su intención de cerrar la adquisición de Warner Bros. y explicó el ajuste del acuerdo hacia una transacción totalmente en efectivo. También anticipó que pausará las recompras para acumular caja y ayudar a financiar la operación. Aquí está la psicología del mercado: cuando le quitas el “colchón” de recompras a una acción y, encima, le pones una operación gigante encima, muchos inversores pasan de “qué buenos resultados” a “vale, ¿cuánto riesgo nuevo me estás metiendo en el precio?”.
La lectura disruptiva: Netflix no está fallando, está mudando de piel
Lo que vimos no fue un castigo a los resultados, sino un castigo al cambio de narrativa. Netflix está dejando de ser una “growth story limpia” y se está convirtiendo en una compañía de arquitectura: suscripciones, publicidad, más formatos, más IP, más integración… y posiblemente un salto de escala con Warner. Ese tipo de empresa ya no se valora solo por “batir el trimestre”, sino por la confianza en que el siguiente ciclo no se desordene.
Y aquí viene lo incómodo, pero real: cuando una empresa llega a este tamaño, el mercado deja de premiar sorpresas positivas pequeñas y empieza a penalizar cualquier duda futura, por mínima que sea. No es que Netflix lo haya hecho mal. Es que la Bolsa le está diciendo: “genial, ahora demuéstrame que puedes hacerlo así de bien… con más presión, más inversión y una jugada corporativa enorme en marcha”.










