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Cuando el S&P 500 cae, estas acciones baratas suelen hacerlo mucho mejor

En los mercados alcistas casi todo parece funcionar. El problema llega cuando el ciclo se gira y las previsiones dejan de cumplirse. Ahí es donde se separa el ruido de los datos y donde, históricamente, las acciones baratas del S&P 500 han demostrado una capacidad defensiva que muchos inversores siguen infravalorando.

El crecimiento esperado no es un salvavidas

En cada fase de optimismo prolongado aparece el mismo argumento: mientras el beneficio por acción crezca, el mercado está a salvo. Hoy no es distinto. El consenso de Wall Street espera que el BPA del S&P 500 aumente alrededor de un 14% en 2026, el doble de su media histórica de largo plazo. Si esas previsiones se cumplen y los múltiplos no se ajustan, el índice tendría margen para seguir subiendo.

El problema es que el mercado no se mueve por lo que debería pasar, sino por lo que realmente ocurre. La historia demuestra que las previsiones fallan con más frecuencia de lo que se admite. A finales de 1999, justo antes del estallido de la burbuja tecnológica, el crecimiento esperado del BPA rondaba el 19%. El resultado real fue apenas un 3,8%, una desviación que acabó desencadenando un ajuste severo en valoraciones.

Si algo parecido ocurriera hoy, el escenario cambiaría radicalmente. Un crecimiento muy inferior al esperado pondría bajo presión a las acciones que cotizan apoyadas casi exclusivamente en expectativas.

Cuando el mercado cae, las valoraciones vuelven a mandar

En las fases correctivas desaparece la tolerancia al error. Los inversores dejan de pagar por promesas y empiezan a exigir precios razonables por beneficios tangibles. Es en ese punto donde las acciones con PER bajo suelen comportarse mejor que las caras.

Los datos lo respaldan. Desde 1951, una cartera formada por el 10% de las acciones estadounidenses con menor PER ha superado de forma consistente a otra compuesta por el 10% con mayor PER, con una diferencia media cercana a los cinco puntos porcentuales anuales. Incluso descontando costes de rotación y transacción, la ventaja relativa se mantiene.

Además, este comportamiento no es exclusivo del mercado estadounidense. Estudios académicos en otros mercados desarrollados muestran patrones similares, lo que refuerza la idea de que el factor valoración es estructural y no una anomalía puntual.

El PER bajo no es magia, pero cambia la asimetría del riesgo

Conviene matizar algo importante. Un PER bajo no convierte automáticamente una acción en una oportunidad. Algunas empresas cotizan baratas porque su negocio se deteriora o porque enfrentan problemas estructurales. Por eso, el enfoque no consiste en comprar cualquier valor barato, sino en filtrar aquellos que combinan valoración contenida y modelos de negocio razonablemente estables.

Aquí entra en juego un factor clave: la asimetría del riesgo. Las acciones caras concentran riesgo de decepción. Cualquier desviación negativa frente a las expectativas se traduce en ajustes rápidos y violentos. En cambio, las acciones baratas suelen partir de un punto donde el mercado ya es escéptico.

Parte de las malas noticias están descontadas de antemano. Eso no elimina el riesgo, pero sí lo redistribuye, y en fases de estrés esa diferencia es determinante.

Acciones baratas del S&P 500 con perfil defensivo

Dentro del S&P 500 existen compañías consolidadas que cotizan con múltiplos adelantados de un solo dígito, muy por debajo de la media del índice. Entre ellas se encuentran nombres como HP, Comcast, General Motors, MetLife, Celanese, Omnicom Group, Pfizer, Allstate, Hewlett Packard Enterprise o Peoples Bancorp.

No son empresas diseñadas para protagonizar titulares espectaculares. Su atractivo reside en valoraciones contenidas, flujos de caja relativamente previsibles y una mayor tolerancia a escenarios macroeconómicos adversos.

Por qué suelen aguantar mejor en las caídas

Cuando el mercado entra en pánico, no todas las ventas responden a fundamentales. Muchas son forzadas o emocionales. En ese contexto, las acciones con menor componente especulativo suelen sufrir menos presión vendedora.

Además, este tipo de valores atrae a un perfil de inversor más orientado a fundamentales y menos dependiente del momentum. Eso reduce la volatilidad extrema en momentos críticos.

Donde realmente está la ventaja

Aquí está el punto que muchos pasan por alto. Las acciones baratas no destacan tanto cuando todo sube, pero marcan la diferencia cuando el mercado deja de perdonar errores. No porque sean inmunes a las caídas, sino porque parten de expectativas más bajas.

En un entorno donde el crecimiento esperado puede fallar, las valoraciones vuelven a ser el ancla. Y cuando eso ocurre, pagar menos por beneficios reales no es aburrido: es una de las formas más prácticas de proteger capital.

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